Violencia patriarcal

Todavía recuerdo los ríos de tinta que defendían, allá por 2004, que Zapatero se había equivocado al ponerle nombre a la Ley Integral contra la Violencia de Género. Porque eso del género era importado del inglés, que en español género sólo tienen las palabras y no las personas, que tienen sexo. Las ilustres mentes que defendían esta postura, con el inefable académico Pérez-Reverte a la cabeza, se olvidaban del colectivo trans*, por ejemplo. Personas que nos han hecho comprender que sexo y género no siempre coinciden.

Pero no es eso de lo que quiero hablar hoy. Porque, aunque en 2004 la LIVG me pareció un enorme avance, hoy creo que es verdad que el nombre está mal escogido. A la luz de los asesinatos, las agresiones e insultos con los que nos seguimos desayunando prácticamente a diario 12 años después, el avance de aquella ley se me antoja pequeño comparado con la gravedad de la situación. Tenemos a hombres que matan a mujeres. Tenemos hombres que agreden e insultan a hombres y mujeres homosexuales o trans*. Sin motivos ni provocaciones, salvo la identidad de género o la orientación sexual de las víctimas. Por algún motivo hay demasiados hombres que no pueden permitirse ceder espacio o poder ante los que no son como ellos. Hombres que se sienten agredidos porque dos hombres ocupen el espacio público dándose la mano y demostrándose cariño. Hombres que se sienten agredidos si una mujer los rechaza, salvo que sea porque ya tiene novio o marido (porque entre machos sí hay respeto, pero las lesbianas es que no saben lo que se están perdiendo). Hombres que no son capaces de aceptar a una mujer como su jefa. Y así podríamos seguir mucho tiempo. Cualquier sombra de duda que se arroje sobre el poder ostentado por hombres cis-heterosexuales es vista como una agresión por el patriarcado. Y el patriarcado responde insultando, menospreciando, agrediendo o matando… a través de esos hombres.

Afortunadamente, la mayoría de los hombres no matan ni agreden en nombre del patriarcado. El insulto y el menosprecio, por parecer menos grave, es más común, de forma que son muchos más los hombres que insultan y menosprecian en nombre del patriarcado. Pero sigue existiendo ese hilo conductor que une todas estas formas de violencia física, verbal y psicológica: son una respuesta ante lo que desestabiliza el ideal del patriarcado: la esfera pública es del hombre y la privada de la mujer; el hombre provee y la mujer cuida; el hombre es fuerte y la mujer débil; el hombre es responsable y la mujer es poco reflexiva (salvo que sea una mujer mala, que es fría y calculadora); la homosexualidad es antinatural porque no casa en esa forma binaria de ver el mundo: «¿y de vosotros, quién es el hombre?»; una lesbiana es una mujer que está quitándole a un hombre lo que por derecho es suyo…

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