La labor del periodista

No soy periodista, así que la opinión que escribo aquí debe ser tomada con todas las cautelas necesarias. Pero también con toda la importancia que deriva de mi situación de ciudadano cabreado por la información que se distribuye en los medios de comunicación. No podemos seguir informándonos a base de lo que dicen unos y lo que dicen otros.  Estoy muy cansado de ver que los resúmenes de intervenciones parlamentarias se reducen a dos frases de lo que dijo uno, dos frases de lo que dijo otro, y unos cuantos planos de los demás.  Con suerte se ve alguna pregunta de algún otro grupo, pero sin esperar a la respuesta. Así que, por favor, tengan esto en cuenta, específicamente en televisión:

  • No hay dos versiones de la realidad. La realidad es una, y en caso de estar sujeta a interpretaciones (algo que no ocurre siempre) tengan por seguro que serán muchas más de dos. No se empeñen en buscar a alguien que diga una cosa y a otro que diga lo contrario. Analicen qué es lo que ocurre, contrasten los datos, y si los datos no aportan ninguna conclusión díganlo y a continuación muestren todas las posibles interpretaciones.
  •  Dejen de pedir valoraciones sobre datos. Si los datos son concluyentes, no busquen rellenar de más: digan las cosas como son y punto. Con el propio presentador del informativo dando la cara y asumiendo lo que dice, porque se ha molestado en comprobar su veracidad. Si el presentador se convierte en un busto parlante que se exime de responsabilidad porque simplemente da paso a las declaraciones de tal o cual, no está haciendo bien su trabajo. Insisto, la realidad es una, y debe ser contada como tal. No como “la valoración del presidente sobre los datos del paro”. No me importa que el presidente diga que los datos son mejores o peores. Los datos son buenos o malos, y es el presentador imparcial el que debe hacérmelos llegar, con todo el contexto posible.
  • Tolerancia cero con la mentira. Si un político utiliza un argumento falaz en su retórica, si miente con los datos, si insulta a su interlocutor o falta al respeto a los demás y por tanto a los parlamentarios, sólo caben dos opciones. Una: no se emite, no se le da crédito y no se extiende la mentira y la insidia. Dos:  si se hace, es dejando muy claro que este político está mintiendo, argumentando de forma torticera o insultando. Yo preferiría la primera opción, puesto que les envía el siguiente mensaje a los políticos: si ustedes quieren aparecer, tendrán que decir la verdad y argumentar de forma correcta. Da igual que el partido X tenga dos minutos de aparición y el partido Y no aparezca. La labor del periodista es seleccionar lo que es de interés, y la mentira no lo es. Hay que descartarla. Por mucho que X o Y sea uno de los grandes partidos.
  • Los datos deben ciertos y además ser puestos en contexto. Por ejemplo, si se dice que Andalucía o Cataluña son las comunidades con mayor deuda, en millones de euros, habrá que decir qué porcentaje representan esos millones de euros respecto al PIB de cada una o respecto a su población. Si hablamos de muertes por violencia doméstica, no aporta ninguna información que se produzcan más muertes en Madrid, Cataluña y Andalucía, puesto que son las comunidades más pobladas.
  • Ah, y el calor en verano y el frío en invierno no son noticia. Nunca.

Culpamos a los políticos de muchas cosas, y con razón. Pero sin un electorado informado, nunca conseguiremos dejar de elegir a los mismos políticos que luego criticamos. Si a la sociedad se le presenta la realidad como algo opinable, y para lo que uno puede decir alegremente una cosa o la contraria, nunca saldremos de esa dicotomía los unos / los otros que está matando la posibilidad de elegir con responsabilidad.

Nota: quizá esta entrada esté influida por The Newsroom, una serie deliciosa en su planteamiento de cómo hay que abordar las noticias.

Share This: