La dificultad de hablar

Uno estudia un idioma desde pequeño, en el colegio, el instituto y hasta la universidad; pero no lo preparan a uno para ser cortés de forma automática. No me malinterpretéis, aprendemos las respuestas correctas. Las estudiamos y sabemos que a thank you se responde, por ejemplo, you’re welcome. Pero para lo que no lo preparan a uno, es para hablar sin pensar. Eso sólo lo sabe hacer uno en su propia lengua o, con el tiempo, en las lenguas en las que se halle sumergido. Bien sumergido.

Resulta chocante que, cuando cruzas una frontera, lo más trivial te suponga un esfuerzo. Te saludan en un comercio y, sin pretenderlo, te obligan a buscar en tu memoria la respuesta adecuada. Cada día está repleto de conversaciones torpes y deshilachadas, porque entre frase y frase hay que escuchar, comprender, pensar, preparar la respuesta y responder. Hazlo rápido que no tengo todo el día, querido. A veces uno puede ir con la escopeta cargada, confiado y preparado para responder au revoir, bonne journée. Y entonces la gente te desea bon week-end et bonnes fêtes porque pueden, porque saben y porque no les cuesta ningún esfuerzo ser corteses. Y quedas de nuevo como un torpe, trastabillando e intentando mantener la dignidad: sonríes y te vas, azorado. Maldita cortesía.

Algunos sabrán ya a lo que me refiero, creo que todo el que ha emigrado se ha enfrentado a esa inseguridad. A la resignación de parecer tonto porque, aunque uno crea que puede hablar la lengua del lugar, no lo hace con la soltura de un nativo y tiene que pensar un poco. A la inseguridad, digo, de no poder contar conque uno sabe cómo se hacen las cosas: ni la lengua, ni las costumbres, ni las leyes. Todo eso con lo que contamos sin prestarle atención en nuestro hogar, de repente resulta complicado. Pero la lengua es lo que resulta más duro, porque llevamos toda la vida con la nuestra, manoseándola y jugando con ella, divirtiéndonos creando palabras nuevas y contando chistes, aprovechando sus sutilezas. Y lo hacemos sin darnos cuenta, sin darle importancia. ¡Qué fácil es meter nuestros pensamientos en la cabeza de otro usando las cuerdas vocales! Hasta que un día, alguien nos desea feliz fin de semana y no sabemos exactamente cómo responder.

Afortunadamente, la inmersión va paliando estas dificultades. Y la costumbre, claro. Te acostumbras a sonreír cuando no entiendes. Y ahora la frase sprechen Sie Englisch? te sale natural, pidiéndole al interlocutor que hable otra lengua (que tampoco es la tuya) pero en la que confías no parecer un tonto y comprender mejor el asunto. Y aún así te siguen dando  ganas de aprender esta lengua nueva, otra más y ya van cuatro, para sentirte mejor; porque aunque sprechen Sie Englisch funciona, no quieres ir forzando a nadie a cambiar de lengua: tú ya sabes lo difícil que es.

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