Inmersión lingüística

El reciente debate sobre el modelo educativo catalán no por ser interesado deja de ser pertinente. Es necesario debatir el modelo educativo no ya catalán sino también español. Y es necesario debatir específicamente la forma que tenemos de enseñar lenguas.  El problema es que el debate se plantea en el plano identitario, donde hay intereses legítimos pero que no responden a ideas objetivas. Apelar a los sentimientos catalanista o españolista para decidir un modelo educativo es, desde mi punto de vista, erróneo. Sobre todo porque la discusión resulta mucho más sencilla si nos atenemos a principios objetivos, como los que expongo a continuación.
Comenzando desde los tiempos de la EGB, en el modelo educativo español se ha introducido el aprendizaje de un segundo idioma (en general el inglés, aunque en su tiempo también lo fue el francés) mediante clases específicas durante unas horas a la semana. Con la LOGSE se incrementó la presencia de la lengua extranjera, comenzando a familiarizarse a los niños con ella desde primaria. El resultado es que los niños españoles pasan al menos una decena de años estudiando inglés, con resultados bastante cuestionables. El nivel de inglés que tienen los españoles en general, la vergüenza que nos sigue dando utilizar una lengua diferente a nuestra lengua materna es motivo suficiente para poner en cuestión que este método de enseñanza sea óptimo para el aprendizaje de lenguas. La proliferación de academias de lengua inglesa (o extranjera en general) que proponen métodos alternativos o el enorme impacto del programa Erasmus en el nivel lingüístico de los estudiantes universitarios son clarísimos indicadores de por donde deberíamos ir a la hora de reformar la enseñanza de idiomas.
Por otra parte, el modelo educativo catalán, basado en usar la lengua catalana como vehículo en todas las asignaturas salvo la de lengua castellana ha conseguido una sociedad (casi) perfectamente bilingüe donde jóvenes y no tan jóvenes son capaces de utilizar las dos lenguas sin vergüenza y con fluidez partiendo de una situación en la que el uso del catalán estaba perseguido. Obviamente cada uno estará más cómodo con una o con otra, pero el éxito del sistema es innegable. Los resultados  de informes PISA y similares demuestran que los niños escolarizados en catalán tienen una competencia en lengua castellana similar a la que tienen en catalán, que a su vez es similar a la que obtienen el resto de niños en España.
En cuanto al aspecto legal, si tenemos en cuenta el fracaso de modelos no basados en la inmersión, hay que concluir que el modelo de inmersión imperante en Cataluña es el único que garantiza el cumplimiento de la Constitución Española en cuanto a que las lenguas oficiales deben ser conocidas. Si sólo garantizamos que deba ser conocida una de las lenguas oficiales en cada región, estaremos llevando a cabo una oficialización de dos velocidades, algo muy español: “todos somos iguales, pero unos más que otros”.
Una conclusión que todos los españoles deberíamos sacar de este debate es que es el modelo de inmersión el que debe ser extendido al resto de España para mejorar el aprendizaje de las lenguas más que imponer una única lengua común, el español estándar, como lengua vehicular forzosa. Otra reflexión que debemos hacer todos es que nos equivocamos al empeñarnos en desconocer las lenguas y variedades lingüísticas españolas, siendo una realidad absurda que en España no se puedan aprender lenguas oficiales en parte de España en la educación pública y sin embargo, podamos llevar a los niños a colegios bilingües en alemán.

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