Ellos sí, vosotras no

A pesar de que el código civil ha resuelto, de forma muy elegante, muchos de los problemas para la igualdad real entre parejas del mismo o diferente sexo, quedan varios asuntos por resolver desde los poderes públicos para que esta igualdad sea real. Este el caso del acceso a técnicas de reproducción asistida.

Los servicios públicos de salud contemplan, dentro de su cartera de prestaciones, las técnicas de reproducción asistida cuando exista un diagnóstico de infertilidad. Y esta es la discriminación. Pongamos, por comparar de la forma más justa posible, los casos de una pareja heterosexual donde el varón es estéril y una pareja homosexual de mujeres. En el primer caso, la técnica de reproducción asistida a aplicar consistiría en el acceso al esperma de un donante y fecundar uno o varios óvulos de la mujer. En el segundo caso, la técnica de reproducción asistida a aplicar consistiría en el acceso al esperma de un donante y fecundar uno o varios óvulos de una de las mujeres. Mismo procedimiento. Mismo tratamiento. Uno lo cubre el servicio público de salud y el otro no. ¿Por qué? Estos son los motivos que se me ocurren:

  • Es que el hombre no puede tener hijos aunque quiera, mientras que en la pareja homosexual no existe una enfermedad/disfunción. Este argumento se desmonta fácilmente, ya que la técnica de reproducción asistida prescinde totalmente del varón en la pareja: no existe tratamiento para él, simplemente se usan las medidas necesarias para que su esposa pueda gestar. Insisto, no se trata de un servicio que solucione o mitigue una enfermedad o disfunción (el hombre seguirá siendo igual de estéril antes, durante y después del proceso), el servicio existe y se paga para llevar a cabo la voluntad de la pareja de tener hijos.
  • Las mujeres homosexuales no tienen imposibilidad para tener hijos, podrían elegir tenerlos. Este argumento parte de la base de que uno decide ser homosexual, lo cual no es cierto. Existen suficientes incentivos para no ser homosexual en un mundo pensado (en líneas generales) por y para heterosexuales. Admitir que la orientación sexual es una simple opción es, como poco, irrespetuoso con todos aquellos que pudiendo haber elegido ser heterosexuales han sufrido malos tratos, encarcelaciones y acoso por ser homosexuales. Por tanto, las parejas de mujeres homosexuales tienen una imposibilidad para engendrar, y es que no existe un miembro de la pareja que pueda aportar esperma de calidad.

Habiendo sido aprobada la adopción y existiendo pruebas que demuestran la idoneidad de una pareja de mujeres para criar a un hijo, habiendo visto que el el caso expuesto los “tratamientos” serían idénticos (recurrir a un donante y hacer el correspondiente implante de embriones) y que no nos encontramos ante un tratamiento destinado a curar o mejorar una enfermedad, sino a llevar a cabo la voluntad o el proyecto vital de una pareja, todas las posibles explicaciones se pueden resumir en una: se discrimina a las personas en el acceso a una técnica sanitaria y a la planificación familiar por su orientación sexual, o más bien, por la composición de su unidad familiar.

He querido poner este ejemplo porque es el más claro, el que demuestra la discriminación de una forma más evidente al ser los dos tratamientos idénticos, pero resulta igualmente sorprendente el caso de la gestación subrogada: es perfectamente legal la donación altruista de semen y óvulos, aunque por lo general se recibe una compensación económica a cambio, lo que las convierte de facto  en ventas de semen u óvulos; sin embargo es ilegal que una mujer preste su útero para gestar al hijo de otras personas aunque no exista intercambio económico. ¿Por qué un caso nos parece tan razonable y otro no? ¿Existe algún motivo real para prohibir explícitamente una cosa y promover otra? Yo cada vez encuentro menos.

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