El percal de España

Ha habido elecciones en España. Y estamos todos como locos queriendo entender al resto de españoles. Primera conclusión, estamos majaras. Votamos regular nada más, todos podemos estar de acuerdo en eso. Y ahí acaban los acuerdos. Ahora, empiezo mi análisis, que es sesgadísimo así que no me lo tengáis en cuenta. Open your minds and keep reading.

El Partido Popular ha ganado, pero no le va a servir para mucho, porque en teoría no tiene amigos en el Congreso. Ciudadanos que había dicho que nunca jamás lo apoyaría, dice ahora que bueno, no es para tanto. Que lo importante es la gobernabilidad de España y echar a rodar. Eso lo dice el mismo partido que la noche de las elecciones autonómicas catalanas dijo que habría que adelantar elecciones. Y luego están las izquierdas. El PSOE es la izquierda que dice que es hegemónica por menos de un 2% de los votos, aunque ha hecho políticas económicas que podría haber firmado cualquier derecha europea. PODEMOS es la izquierda que quiere ser hegemónica pero sin ser izquierda, porque eso ya no se lleva; es la nueva izquierda, la fuerza del cambio. Y luego, Unidad Popular – Izquierda Unida, la verdadera izquierda, la izquierda unida que tiene mucho de izquierda y muy poco de unida. La que tiene el mejor programa, pero que por alguna extraña razón no convence a nadie.

Con este panorama, no hay forma de que el pactómetro de la Sexta nos de una mayoría absoluta en el congreso de los diputados. Y claro, todos los periodistas y todos los españoles estamos en un sin vivir porque no vamos a tener presidente. (Nota mental: ¿visto el nivelito, es tan malo no tener presidente?).

¿Y ahora qué?

Viendo los porcentajes de votos, viendo los descalabros, viendo los apoyos y el sentir de la gente, lo que creo que los españoles hemos dicho, en medio de mucho barullo, es que queremos otras políticas y que queremos cambio. Pero nos encontramos con que los partidos que podrían ser artífices de ese cambio no son capaces de ver que hay grandísimos solapamientos en los programas de PSOE y PODEMOS en lo que a líneas generales se refiere. Y se empeñan en ver las diferencias. Un poner, el tema catalán.

PODEMOS corrió a decir, sin que nadie le preguntara, que o el PSOE reconocía la plurinacionalidad de España o estaría entregando el poder a Rajoy. El PSOE corrió a decir que con los nacionalistas no quiere ir ni a recoger monedas de oro. Primero, reconozcamos que es curioso empeñarse en decir que los catalanes y los vascos son españoles (muy españoles y mucho españoles), y acto seguido decir que con los legítimos representantes de esos españoles no se va ni a hablar. Y reconozcamos que PODEMOS, poniendo el dedo en la llaga del PSOE lo que busca no es precisamente facilitar el acuerdo para hacer todas las políticas de rescate ciudadano que urge hacer (y que podrían acordar en dos tardes, porque el PSOE sabe ponerse el traje social con los incentivos adecuados) sino facilitar unas nuevas elecciones que le permita ser segunda fuerza. Elecciones, que por cierto, están jaleando por lo bajini los barones territoriales del PSOE. Con Susana Díaz a la cabeza, pero sin que se note. Cree ella.

¿Y yo qué pienso?

Yo pienso que así revienten PODEMOS , PSOE y la unidad de España. Que no me importa lo que les pase a ninguna de esas tres cosas. Porque ni PSOE, ni la unidad de España ni PODEMOS son más importantes que corregir ya la situación de emergencia social que se vive en España y que PODEMOS y PSOE se han hartado de recordarnos en campaña. Que cada día que no hay un proyecto de ley de derogación de la reforma laboral, tenemos a millones de gente trabajando en condiciones cada vez peores. Que cada día que pasa sin que haya unos Presupuestos Generales del Estado hechos con conciencia social (y de clase), es un drama para miles de familias. Así que deberían apresurarse a consensuar una custodia compartida para esta España, que un fin de semana lo pase con Pedro y otro con Pablo, pero que en todo lo que están de acuerdo, vayan avanzando ya. Porque las declaraciones grandilocuentes sobre el tema catalán, las pensiones de los diputados, los ex presidentes en consejos de administración, los secretarios generales y la regeneración democrática; nada de eso da de comer a los que están pasando hambre. Así que, que ceda el que tenga que ceder, que se haga el referéndum o que se renuncie al referéndum. Pero a ver si por una vez acertamos en diferenciar lo urgente de lo importante.

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