Ciudadanía y democracia directa

Andan los suizos ahora con una polémica entre manos. El partido ultraderechista y abiertamente xenófobo que consigue invariablemente entre el 20 y el 30% de los votos en cada elección (SVP/UDC) ha propuesto una iniciativa legislativa popular para incorporar una enmienda constitucional cuya idea básica es que si determinados delitos son por extranjeros, esto supondrá su expulsión directa del país sin que los jueces puedan dictar otra sentencia. No sólo se trata de delitos graves, también en el caso de reincidencia en delitos leves en un plazo de 10 años. ¿Y cómo hacen campaña? Pues con la famosa imagen de las ovejitas que ya venían usando desde hace tiempo.

Imagen de la campaña para la expulsión de los extranjeros criminales
¿Racismo? ¿Xenofobia? ¿Dónde?

Este panfleto xenófobo lo he recibido yo en mi buzón, casi ná. Esto da para reflexionar sobre muchas cosas. Vamos a ello.

Un código penal para extranjeros

La medida, disfrazada de lo que quieran, consiste en crear un código penal específico para extranjeros. Un maltratador que mata a su esposa, resulta que es mucho más tolerable para la sociedad suiza si tiene pasaporte suizo. Como si el delito fuera menos grave. A uno le da la impresión de que ante un mismo delito, cabría esperar la misma pena. No cabe en la cabeza que ser extranjero sea, en modo alguno, un agravante. ¿Por qué es peor que me atropelle un francés, un belga, un español que que me atropelle un suizo? ¿Dónde está la diferencia si me quedo igualmente atropellado? ¿Los suizos atropellan mejor? Como verán esto no tiene sentido, pero es posible e incluso probable que se apruebe gracias a la democracia directa tan querida por algunos.

Democracia oligárquica

La democracia directa es una trampa en casos como estos. Porque los extranjeros, que somos el objeto de esta medida, no tenemos derecho a decir ni decidir nada. Así, de entrada, a un suizo no le afecta que a los extranjeros nos expulsen, nos encarcelen,… o nos ahorquen. Porque ellos no van a sufrir ni expulsiones, ni encarcelamientos ni horcas. Ellos están legislando no para sí mismos, sino para los demás. ¡Y ni siquiera tienen que argumentar o razonar su voto! Pueden decidir su voto tirando un franco al aire. Así que los extranjeros, hurtados del derecho a expresarnos, quedamos a expensas de que nuestros vecinos piensen que merece la pena acercarse a votar por nuestros derechos. Quedamos a expensas de que esto le parezca una injusticia tan grande que acaben movilizándose en nuestro favor. ¿Es esto en lo que consiste la democracia? Si la sociedad suiza tiene una tercera parte de extranjeros a los que les niega el acceso a su democracia directa. ¿Podemos seguir llamándola democracia? ¿No estaríamos ante algún tipo de oligarquía de  base amplia?

Generalización

Este es el caso suizo, con el que convivo a diario. Pero no soy tan estúpido para pensar que los suizos son deleznables por tener este sistema y por permitir estas votaciones. Si nos atenemos a los datos, debo estar muy agradecido de que este tipo de medidas no salgan adelante con un 80% de los votos. Normalmente se rechazan, o se aprueban por muy poco margen. Personas cuyas vidas no van a verse afectadas por medidas hechas para extranjeros se toman la molestia de votar y defender mis derechos. Imaginemos qué resultados obtendríamos en España en estos casos. No hay que imaginar mucho, tenemos ejemplos más que suficientes de cómo tratamos a moros, negros y rumanos. ¿Alguien se molestaría en defender sus derechos? ¡Pero si no queremos ni cederles suelo para uso religioso! Por eso, creo que ya va siendo la hora de que actualicemos el concepto de democracia para incluir como ciudadanos también a los extranjeros que viven con nosotros, que trabajan con nosotros y que pagan los mismos impuestos que nosotros.

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