El viaje definitivo: la llegada

Acostumbrado a ver el aeropuerto de Sevilla, el de Málaga impresiona. Por lo espacioso, por lo luminoso, por lo ordenado y por lo grande. No tiene mucho que envidiar al Prat o a Barajas. Minipunto para Málaga. Como siempre, lo peor son las líneas aéreas, que tratan mal a sus clientes a propósito para que les compren el Speedy Boarding, lo que les garantiza esperar menos colas. La verdad es que saltarse las colas me tienta para la próxima vez, pero creo que esto va a ser cuestión de voluntad y no ceder a su chantaje.

La llegada a Ginebra, muy bien, el vuelo fue muy tranquilo. El aeropuerto es enorme, muy concurrido y lleno de cintas transportadoras para avanzar aún más rápido. Eso sí, -1 minipunto en accesibilidad, ya que nada más llegar tuvimos que subir unas escaleras cargando con nuestros equipajes de mano. Seguramente tendrán un acceso habilitado para personas de movilidad reducida, pero vaya, ¡para qué duplicar accesos si puedes hacer uno que ya sea cómodo para todos! En cualquier caso, me di prisa para recoger mi equipaje (por cierto, en ningún sitio a lo largo de todo el camino desde el avión ponía nada de recogida de equipajes, hay que seguir el icono de la maletita, pero algo de texto sería aclaratorio) y en cuanto lo tuve, salí a toda prisa hacia la estación. Allí compré mi billete y rápidamente bajé las escaleras mecánicas para montarme en el tren. Y conectarme al wifi, donde pude comprobar en la web de CFF que estaba en el tren correcto y cuáles eran las siguientes paradas. De estación en estación conseguí acceso al wifi, pero sólo servía para la web de CFF salvo que seas cliente de Swisscom y puedas acceder al resto de internet. No pude ni twittear.

El viaje en tren es precioso, sobre todo desde Lausanne a Vevey, porque el tren va pasando como a 5 metros del lago y se ven todos los barquitos, las casas a la orillita y las montañitas. ¡Minipunto para el paisaje!

En 2 horas llegué a Sierre, y Anne estaba aparcando justo para recogerme y traerme a su casa. Me dio las llaves y se volvió a trabajar. Intenté hacer algunas gestiones por la tarde, pero no pude, así que pasé un buen rato descansando en el sofá, que tanto movimiento me tenía agotado.

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Preparando el primer viaje

Como el aeropuerto de Sevilla es bastante regulero, decidí que la mejor opción para viajar a Suiza sería coger un vuelo Málaga-Ginebra, que con EasyJet puede quedarse en 30 euros por trayecto. Pues no, vaya decepción las comunicaciones en España. No existe forma de llegar a Málaga antes de las 8.45 de la mañana en transporte público. El vuelo a Ginebra sale a las 9, que no es una hora loca, pero yo llego a la estación a las 8.45. Así que, si sumamos pasar la noche en un hotel, los viajes en tren o autobús hasta Málaga desde Sevilla, la oferta de EasyJet deja de ser razonable.

Así que atención a la locura que he tenido que plantear para llegar a Sierre, Suiza:

  • Vuelo Sevilla-Bergamo (aeropuerto cercano a Milán) con Ryanair
  • Autobús-lanzadera del aeropuerto de Bergamo a la estación central de Milán
  • Tren Milán-Brig (Suiza)
  • Tren Brig-Sierre

Todo este proceso es mucho más barato (100 euros menos)  que Sevilla-Ginebra-Sierre o Sevilla-Málaga-Ginebra-Sierre. Zúrich era incluso más caro.

Y como volar es así de caro, para mi traslado definitivo he pensado en ir por carretera: alquilar furgoneta, coche o whatever, y tirar para allá porque:

  • Las maletas que tenga que llevar pueden costarme un ojo de la cara al facturarlas
  • Los servicios de mensajería internacionales me cobrarían miles de euros por transportar mis pertenencias
  • Los servicios de mudanza pueden cobrar también miles de euros por llevarme las cosas.

Así que al final, creo probable que compremos algunos muebles en Suiza y nos deshagamos (sabe dios cómo) de los que tenemos aquí.

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