Endogamia en la universidad

La fundación Cotec organizó ayer un debate sobre ciencia, que se convirtió en Trending Topic en Twitter. Y yo cometí el error de escucharlo mientras trabajaba. Y no me pude callar ante algunas cosas, ahí me véis en la nube de etiquetas.

Lo que más me irritó fue cuando todos, de forma casi unánime (salvo el representante de IU) identificaron la endogamia como uno de los principales problemas de la universidad española. A Luis Garicano (Ciudadanos) le faltó tiempo para proponer un compromiso a todos para que los investigadores estén dos años (UPyD propone tres) fuera de la universidad en la que se han doctorado antes de acceder a un contrato en esa misma universidad.

Se me revolvieron las tripas porque estamos hablando de personas, los investigadores, que tienen familia, amigos y que quieren tener una vida. ¿Y están proponiendo que las condiciones laborales legales para esta profesión exijan dejarlo todo durante dos o tres años? ¿En serio? Es decir, personas que estudian un grado (3 o 4 años), un máster (1 o 2 años) y hacen un doctorado (aproximadamente 4 años). Personas que llevan 10 años formándose, para ser los que más sepan de lo suyo. ¿Y me están diciendo que encima les vamos a exigir un sacrificio de un par de años o tres más? ¿Es que no han hecho bastante? Porque, si se pidiera, qué se yo… que antes de que pasen n años, se hayan tenido que pasar m en total en alguna otra universidad, lo podría entender. Porque estar fuera una temporadita es beneficioso. Es decir, podría uno hacer estancias de 3 meses y establecer vínculos con otros grupos, así hasta sumar los dos años que pide Garicano. Pero con cobertura de un contrato desde el origen. Lo que proponen es que uno deje el trabajo que tiene, se busque otro por su cuenta, y que además lo haga durante dos años. ¡Dos años! ¿Y la familia qué? Que estamos hablando de personas que tienen 30 años o más, que pueden fácilmente querer formar una familia. Con casa, niños y todos sus avíos. Deje usted su casa y váyase. O llévese usted a su familia consigo, que su pareja renuncie también a su empleo que seguro que le es muy fácil encontrar otro. Y todo eso, para cobrar aproximadamente 25000 euros, que es a lo que está el año de doctor en el mercado. ¿No se les cae la cara de vergüenza? ¿En serio no ven que los investigadores deberían tenes unos mínimos derechos laborales? Pero no, quieren empezar la casa por el tejado. Porque, ¿saben por qué hay endogamia? Porque cuando a un departamento le hace falta dar 4 créditos de clase y no tienen quien lo haga, ahí están los becarios sin derechos y los doctorandos con poquitos derechos. Porque, sí, señores… serán de esa misma universidad, pero han estado cuatro años partiéndose los cuernos con su tesis y echando una mano con las clases. Y que consigan un contrato, aunque sea por 25000 euros al año, es lo menos que se despacha en justicia. Si me dicen ustedes que los doctorandos solo se van a dedicar a su tesis, que no van a dar clase, que los contratos van a estar pagados para que una familia pueda vivir de un solo sueldo durante esos dos o tres años, les acepto la idea. Pero si no, NO. Porque quieren convertir a las víctimas de la precariedad y los salarios bajos en los culpables de que el sistema no funcione como a ustedes les gustaría. Váyanse ustedes una mijita a tomar viento fresco. Ya saben, por evitar la endogamia también en la política.

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Ciencinazi my ass

El que fuera candidato a la secretaría general del PSOE y decano de facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, José Antonio Perez Tapias, la está montando gorda en las redes sociales a cuenta de sus sorprendentes (por lo que se le supone de conocedor del método científico) declaraciones sobre transgénicos, agrotóxicos y ciencia en general. Un espectáculo nada enriquecedor, viniendo de alguien como él.

Hoy ha tenido a bien compartir en twitter un artículo de El Confidencial titulado “Los ciencinazis y los verdaderos magufos: una teoría sobre la insensatez humana“.

El artículo (de opinión) es un disparate mayúsculo por el desconocimiento que muestra sobre el trabajo de los científicos. Algunas perlas:

«Es fácil que un estudio afirme que la leche (o cualquier otra cosa) es muy mala para la salud, que tres meses después se publique otro que diga que en realidad es excelente para algo, que otro a los seis meses concluya que la leche es lo mejor del mundo y que nueve meses más tarde se nos asegure que es la causa de alguna enfermedad terrible. Esa es la ciencia hoy, tejida por un conjunto de intereses, perspectivas teóricas, posiciones académicas y necesidades de financiación que hacen difícil orientarse entre sus avances.»

Me parece altamente improbable que en ningún estudio científico publicado en alguna revista con revisión por pares, se haya colado la expresión «es muy malo para la salud», precisamente porque es una expresión vaga que no permite saber exactamente para qué es malo. Los buenos científicos, y los buenos revisores, y las buenas revistas se encargan de que esas afirmaciones no se publiquen. Es posible encontrar un artículo que diga que la leche (o cualquier otra cosa) es mala para tal o cual dolencia, en tales o cuales circunstancias. Y efectivamente seis meses más tarde, otro artículo concluya que la leche (o cualquier otra cosa) es buenísima para otra dolencia, o incluso para la misma anteriormente descrita, en otras circunstancias. Y eso es buena ciencia, porque todos aprenderíamos que la leche no es buena o mala en sí misma, pero conoceríamos cuál es la mejor forma de usarla. El problema suele venir de la interpretación que no científicos hacen de las conclusiones de un artículo. Y esa interpretación, normalmente, huye de todos los apellidos y se resume en «la leche es buena» o «la leche es mala». Y de ahí las confusiones.

«La tecnología no está mejor. Las noticias que surgen de Silicon Valley son un cúmulo de expectativas superlativas dirigidas a hacernos creer que están encontrando soluciones para todo y que en pocos años habrán remediado por completo los grandes problemas de la humanidad»

Precisamente, el periodista ha dado en la clave. Los científicos no damos noticias, los periodistas sí lo hacen, conque aplíquese el cuento. Los científicos estudiamos, aprendemos, sacamos conclusiones y las compartimos; pero no creamos expectativas superlativas dirigidas a hacerle creer nada a nadie, porque lo de hacer creer a la gente no va con nosotros. Damos los datos, y extraemos conclusiones basándonos en los datos. Y esas conclusiones incluyen, a veces, posibles aplicaciones de lo que hemos encontrado o en qué podría tener impacto nuestra investigación. Y también incluyen las limitaciones de lo que hacemos, precisamente por eso explicamos bajo qué condiciones hemos hecho nuestros experimentos, y cuál es la variabilidad que cabe esperar en los resultados.

«Si alguien cuestiona la validez de los estudios que defienden, bien porque sean poco rigurosos conforme a los parámetros que deberían medirlos, bien porque sus conclusiones son demasiado endebles, bien porque quienes los han sufragado son gente interesada en obtener resultados determinados o bien porque sus investigadores saben que van a obtener muchos más fondos si fuerzan los resultados, se convierte inmediatamente en alguien perverso que ataca a los fundamentos mismos de la ciencia. […] No aceptan críticas, no aceptan refutaciones intelectuales, no aceptan que se difundan otras posturas, porque ellos poseen la verdad. »

Se ve que este periodista no sabe en lo que consiste la revisión por pares. Yo critico los trabajos de otros, y a mí me han puesto a parir mi propio trabajo. Si hago un experimento que no es riguroso no me lo publican, porque mis compañeros de profesión son los que juzgan si tengo o no conflicto de intereses, si el número de muestras es suficiente, si hay algún error metodológico. Se podrá discutir si esta revisión es suficiente o habría que revisar más, pero lo que no se puede discutir es que estamos acostumbrados a recibir críticas, las recogemos y las aceptamos o las refutamos con nuevos datos. El proceso de publicar un artículo científico empieza con una hipótesis, una serie de experimentos que la verifican o no, una explicación de todo lo anterior en el artículo y una revisión por pares expertos en el tema que te pueden rechazar el artículo sin misericordia, proponerte cambios en profundidad o cambios de menos envergadura. Pasan meses o años desde que surge la idea hasta que el resultado aparece disponible para el resto de la sociedad. Y en todo este proceso hay críticas constantes externas pero también internas: son muy poco frecuentes los artículos individuales, así que como mínimo lo que se escribe es el consenso de dos, tres, cuatro o más personas que firman con su nombre y apellidos, poniendo en riesgo su reputación que es, en definitiva, el mérito principal para conseguir un trabajo o ascender. Si hay algo que no tenemos, es precisamente, la sensación de poseer la verdad sino de haber llegado a conclusiones razonables sobre una hipótesis después de un larguísimo proceso de reflexión, experimentación y crítica.

Comprenderán los señores periodistas que, cuando uno es consciente de todos los obstáculos que su hipótesis ha conseguido superar, no nos bajemos del burro si no es con un buen argumento.

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