Conjuntos

El PSOE no es Ciudadanos ni es el PP. Tampoco el PSOE es PODEMOS ni Izquierda Unida. Es, por tanto, de sentido común que sus programas sean distintos. Que nadie espere que el PSOE haga el programa del PP, y que nadie espere que el PSOE haga el programa de Podemos. ¿Obviedades? No está de más recordarlo.

Los militantes del PSOE han validado el pacto con Ciudadanos. Y las encuestan indican que los votantes del PSOE lo apoyan en más o menos la misma proporción (más del 70%). Así que, ¿qué tal si por una vez dejamos de pensar que el PSOE y sus votantes son unos marxistas que han tomado el mal camino de la socialdemocracia europea y aceptamos que tienen ideas distintas? Y, una vez sepamos que sus ideas son distintas, dejamos de pedirles peras al olmo. El PSOE no va a nacionalizar la banca, las empresas energéticas, etc. Porque no es su ideología. El PSOE, en cambio, parece muy dispuesto a atender la emergencia social con otros mecanismos que comulguen con su ideología. También parece dispuesto a garantizar derechos civiles, y a fomentar la igualdad entre hombre y mujer.

Ya me gustaría a mí, que el 80% del arco parlamentario estuviera de acuerdo con el programa que propone Izquierda Unida, pero es que no es así. Y esto no es culpa de los ciudadanos que han votado otras opciones, es culpa de que Izquierda Unida no ha convencido de que esa propuesta es la mejor. Si entendiéramos de una vez que todos los votantes merecen el respeto de que han elegido de forma consciente lo que creen mejor, nos daríamos cuenta de que estas son las cartas que tenemos y con ellas tenemos que jugar. Y eso implica negociar, pactar, dejar de aprobar el trabajo garantizado a cambio de atajar la emergencia social, garantizar los suministros básicos o una reforma proporcional en la ley electoral. Dejemos, por favor, de creer que sabemos que en realidad, los votantes de otro partido quieren algo diferente a lo que han votado. Supongamos que la gente es lo bastante inteligente para elegir bien. Y que los votantes del PSOE no querían un gobierno del PP, sino del PSOE. No querían el programa de IU o PODEMOS, sino del PSOE. Y que eso implica aceptar la fuerza relativa que tiene el PSOE en el parlamento. Repetir las elecciones es un insulto a los ciudadanos, es decirnos que no hemos elegido bien. También puede leerse como una autocrítica de los partidos, que no han sabido convencer. Pero qué casualidad, nadie está entonando por ahí.

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¿Es que se piensan que somos estúpidos? Hemos votado. Éstas son nuestras preferencias. Pónganse de acuerdo, que para eso les estamos pagando. Si no saben, no pasa nada, podríamos hacerlo de forma matemática: tómense los programas, y representemos cada uno como conjuntos. El programa de gobierno mínimo será el de la intersección entre el mayor número posible de conjuntos con una cardinalidad mayor. Luego, los partidos “ganadores” puden negociar durante 4 años las iniciativas con menos apoyo, sus particularidades. Pero muchas cosas estarían ya en marcha. Y los ciudadanos y habitantes lo agradeceríamos.

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Día de Andalucía

Se acerca la fecha de celebrar el día de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Y uno lee artículos como este de La Vanguardia, que dice algunas verdades pero en otros casos no se entera de nada. Entre las verdades, cuando cita a un andaluz que dice que Andalucía no es la Junta. Efectivamente, de la misma forma que Europa no es la Comisión Europea ni España el Gobierno de Rajoy. Una obviedad que hay que repetir, para que dejen de igualar una cosa y la otra. Dentro y fuera.

Pero no se entera de nada La Vanguardia cuando habla de que el PSOE de Andalucía es el único partido que abandera el andalucismo. El andalucismo está impregnado en mucho más que el PSOE. En el extinto PA del que quedan sus concejales, en Izquierda Unida, en el Sindicato Andaluz de Trabajadores, en la vertiente andaluza de Podemos (Andalucía desde abajo, andamos) y también en la sociedad civil. Cuestión aparte es el eco mediático que tenga un andaluz que no sea Susana Díaz más allá de Despeñaperros.

Y no, el andalucismo no ha sido nunca, y tampoco lo es ahora, excluyente. El andalucismo que se manifestó masivamente un 4 de diciembre no lo hizo para hacer de menos a Cataluña, País Vasco y Galicia, aunque muchos lo quieran interpretar así. Y sí, Andalucía pide lo mismo que piden otras autonomías porque puede y porque quiere decidir su propio destino, sin que otros lo decidan por ella. Porque lo que se pidió un 4 de diciembre y se votó un 28 de Febrero era precisamente eso: si Andalucía iba a tener el mismo techo competencial que otras autonomías. Y los andaluces entendieron que si no se accedía al máximo techo competencial, corríamos el riesgo de no poder decidir nuestro futuro. De no poder ser autónomos, por ejemplo, para tener un debate propio y separado del debate nacional sobre los problemas que atañen a Andalucía (cosa que el PSOE de Andalucía sólo ha permitido que se haga después de la retirada de Manuel Chaves). Y esa voluntad de ser autónomos todavía no la han superado algunos que permanentemente nos dan lecciones desde fuera de Andalucía, sin conocer la realidad y la historia andaluza, sobre lo que tendríamos que votar o dejar de votar. Y ya está bien. Los andaluces votamos lo que nos parece lo mejor para Andalucía, y nos equivocaremos o no, pero lo decidimos nosotros y para nosotros.

Lo que sí es excluyente es querer ser no igual, sino más que otros. Definir nuestra identidad en la negación de otras identidades más que en el entendimiento de la identidad propia. El que pide igualdad, ese está dando en el clavo. Hay un matiz muy esclarecedor entre pedir más soberanía que Murcia o Canarias y pedir tanta soberanía como Portugal o California. Y sí, estoy hablando ahora de Cataluña. Durante mucho tiempo he escuchado amargas quejas sobre el café para todos como si lo importante fuese ser más autónomos que Aragón o Baleares, pero sólo recientemente he empezado a escuchar que Cataluña debe convertirse en un estado más de la UE. Ahora sí, ese es el matiz del que hablaba. Es su derecho querer aspirar a ser otra cosa, pero precisamente porque piden ser soberanos no pueden hacerlo a costa de mantener un hecho diferencial (que no sé en qué consiste) con el resto de los pueblos de España. Porque el mismo derecho tienen todos a ser un Estado si así lo sienten. Y nadie puede decirle a los demás como deben sentirse.

En el fondo, eso es lo que significó el 4 de diciembre. Se logró que en España hubiera café para todos. Y que cada uno se lo tomara como quisiera, si es que quería tomárselo. Pero de entrada, nadie puede decir que el café es sólo para unos pocos. Así que el 28 de Febrero, no olvidemos el 4 de diciembre. Pidamos paz y esperanza, por Andalucía libre, los pueblos y la Humanidad.

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Violencia patriarcal

Todavía recuerdo los ríos de tinta que defendían, allá por 2004, que Zapatero se había equivocado al ponerle nombre a la Ley Integral contra la Violencia de Género. Porque eso del género era importado del inglés, que en español género sólo tienen las palabras y no las personas, que tienen sexo. Las ilustres mentes que defendían esta postura, con el inefable académico Pérez-Reverte a la cabeza, se olvidaban del colectivo trans*, por ejemplo. Personas que nos han hecho comprender que sexo y género no siempre coinciden.

Pero no es eso de lo que quiero hablar hoy. Porque, aunque en 2004 la LIVG me pareció un enorme avance, hoy creo que es verdad que el nombre está mal escogido. A la luz de los asesinatos, las agresiones e insultos con los que nos seguimos desayunando prácticamente a diario 12 años después, el avance de aquella ley se me antoja pequeño comparado con la gravedad de la situación. Tenemos a hombres que matan a mujeres. Tenemos hombres que agreden e insultan a hombres y mujeres homosexuales o trans*. Sin motivos ni provocaciones, salvo la identidad de género o la orientación sexual de las víctimas. Por algún motivo hay demasiados hombres que no pueden permitirse ceder espacio o poder ante los que no son como ellos. Hombres que se sienten agredidos porque dos hombres ocupen el espacio público dándose la mano y demostrándose cariño. Hombres que se sienten agredidos si una mujer los rechaza, salvo que sea porque ya tiene novio o marido (porque entre machos sí hay respeto, pero las lesbianas es que no saben lo que se están perdiendo). Hombres que no son capaces de aceptar a una mujer como su jefa. Y así podríamos seguir mucho tiempo. Cualquier sombra de duda que se arroje sobre el poder ostentado por hombres cis-heterosexuales es vista como una agresión por el patriarcado. Y el patriarcado responde insultando, menospreciando, agrediendo o matando… a través de esos hombres.

Afortunadamente, la mayoría de los hombres no matan ni agreden en nombre del patriarcado. El insulto y el menosprecio, por parecer menos grave, es más común, de forma que son muchos más los hombres que insultan y menosprecian en nombre del patriarcado. Pero sigue existiendo ese hilo conductor que une todas estas formas de violencia física, verbal y psicológica: son una respuesta ante lo que desestabiliza el ideal del patriarcado: la esfera pública es del hombre y la privada de la mujer; el hombre provee y la mujer cuida; el hombre es fuerte y la mujer débil; el hombre es responsable y la mujer es poco reflexiva (salvo que sea una mujer mala, que es fría y calculadora); la homosexualidad es antinatural porque no casa en esa forma binaria de ver el mundo: «¿y de vosotros, quién es el hombre?»; una lesbiana es una mujer que está quitándole a un hombre lo que por derecho es suyo…

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¿Es el voto rogado el problema o…?

Curiosidades del voto rogado, aprendidas después de las vacaciones.

No tuve problemas para ejercer mi derecho a voto, porque ya estaba registrado en el consulado de España en Zúrich. El primer día que fue posible solicitarlo (finales de octubre, creo recordar) , lo hice de forma telemática usando el certificado digital del DNI electrónico. No esperé a que salieran las listas del censo ni nada, porque ya había votado en las elecciones andaluzas.

Un mes después, me llegaron mis papeletas, meti los votos en los sobres, los sobres en otros sobres y así hasta que terminé enviando la carta por correo certificado en Zúrich. Todo bien, todo a tiempo.

¿Problema? Que la mayoría ni es tan rápida como yo, ni tiene por qué hacerlo de forma telemática, ni tiene un consulado a unas cuantas paradas de tranvía. Y si pasa eso, y esperas, por ejemplo que te envíen la confirmación del censo electoral, vas mal. Después de las vacaciones he descubierto en mi buzón la tarjeta del censo, que te informa de cuál es tu circunscripción y tal. Fechada fuera de plazo para solicitar el voto. Pero a casa no llegó hasta, después de las elecciones, después del 30 de diciembre.

El problema no es el voto rogado, el problema es que la administración en España es MUY POCO DILIGENTE. Por no ponerse en algo peor.

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El percal de España

Ha habido elecciones en España. Y estamos todos como locos queriendo entender al resto de españoles. Primera conclusión, estamos majaras. Votamos regular nada más, todos podemos estar de acuerdo en eso. Y ahí acaban los acuerdos. Ahora, empiezo mi análisis, que es sesgadísimo así que no me lo tengáis en cuenta. Open your minds and keep reading.

El Partido Popular ha ganado, pero no le va a servir para mucho, porque en teoría no tiene amigos en el Congreso. Ciudadanos que había dicho que nunca jamás lo apoyaría, dice ahora que bueno, no es para tanto. Que lo importante es la gobernabilidad de España y echar a rodar. Eso lo dice el mismo partido que la noche de las elecciones autonómicas catalanas dijo que habría que adelantar elecciones. Y luego están las izquierdas. El PSOE es la izquierda que dice que es hegemónica por menos de un 2% de los votos, aunque ha hecho políticas económicas que podría haber firmado cualquier derecha europea. PODEMOS es la izquierda que quiere ser hegemónica pero sin ser izquierda, porque eso ya no se lleva; es la nueva izquierda, la fuerza del cambio. Y luego, Unidad Popular – Izquierda Unida, la verdadera izquierda, la izquierda unida que tiene mucho de izquierda y muy poco de unida. La que tiene el mejor programa, pero que por alguna extraña razón no convence a nadie. Leer más

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París

Me deja perplejo que haya tanta gente dispuesta a admitir como reacción lógica un bombardeo sobre Siria después de una matanza de civiles en las calles de París que nos ha estremecido a todos.¡Qué poca empatía tenemos! ¡Y qué simples somos a veces!

Uno esperaría que después de dos guerras mundiales y guerras fallidas en Afganistán, Irak y Siria, habríamos aprendido algo, pero no. Bombardear no es la solución a ningún problema. NINGUNO. Porque por cada víctima colateral, creamos un terrorista en potencia. Creamos alguien que identifica la bandera del bombardero como la bandera del enemigo. Y los bombardeos, incluso aunque fueran selectivos, perjudican a la población civil: por la destrucción de las infraestructuras que han pagado, que tienen que utilizar para cosas tan básicas como beber agua potable. Así que lo siento, en los tiempos de la globalización en los que un resfriado de la economía americana nos produce una pulmonía de deuda en Europa, tiene que haber mejores formas de detener a terroristas y dictadores que dejar caer destrucción sobre la población civil o sus infraestructuras.

Por ejemplo, ¿en serio queremos creer que los Kalashnikovs  y demás armamento que usa el estado islámico lo están fabricando ellos mismos como si fueran el tipo de bricomanía? Yo, así a botepronto, tengo mis dudas de que dispongan de los medios y materias primas para producirlos. Alguien les ha vendido armas a terroristas a cambio de dinero. ¿Por qué no empezamos a asumir la realidad por ahí? ¿Por qué la represalia no va en contra de esos individuos y corporaciones que han puesto su negocio por encima de las vidas de inocentes? Hemos creado un complicado sistema de certificación de pepinos biológicos para controlar que se producen bajo ciertos criterios… ¿y no vamos a ser capaces de certificar armamento ni de instaurar una mínima trazabilidad para socavar el poderío armamentístico terrorista? Porque un fanático puede estar dispuesto a morir, pero el que le vende armas y le vende explosivos a cambio de un dinero, seguro que quiere disfrutar de ese dinero: ahí está nuestra oportunidad. Si combatimos la venta, si eliminamos el negocio, el terorrista no tiene forma de comprar kalashnikovs ni detonadores.

La guerra, tal como la conocemos, no es más que una respuesta simplista. Y para mi vergüenza, típicamente masculina.

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Endogamia en la universidad

La fundación Cotec organizó ayer un debate sobre ciencia, que se convirtió en Trending Topic en Twitter. Y yo cometí el error de escucharlo mientras trabajaba. Y no me pude callar ante algunas cosas, ahí me véis en la nube de etiquetas.

Lo que más me irritó fue cuando todos, de forma casi unánime (salvo el representante de IU) identificaron la endogamia como uno de los principales problemas de la universidad española. A Luis Garicano (Ciudadanos) le faltó tiempo para proponer un compromiso a todos para que los investigadores estén dos años (UPyD propone tres) fuera de la universidad en la que se han doctorado antes de acceder a un contrato en esa misma universidad.

Se me revolvieron las tripas porque estamos hablando de personas, los investigadores, que tienen familia, amigos y que quieren tener una vida. ¿Y están proponiendo que las condiciones laborales legales para esta profesión exijan dejarlo todo durante dos o tres años? ¿En serio? Es decir, personas que estudian un grado (3 o 4 años), un máster (1 o 2 años) y hacen un doctorado (aproximadamente 4 años). Personas que llevan 10 años formándose, para ser los que más sepan de lo suyo. ¿Y me están diciendo que encima les vamos a exigir un sacrificio de un par de años o tres más? ¿Es que no han hecho bastante? Porque, si se pidiera, qué se yo… que antes de que pasen n años, se hayan tenido que pasar m en total en alguna otra universidad, lo podría entender. Porque estar fuera una temporadita es beneficioso. Es decir, podría uno hacer estancias de 3 meses y establecer vínculos con otros grupos, así hasta sumar los dos años que pide Garicano. Pero con cobertura de un contrato desde el origen. Lo que proponen es que uno deje el trabajo que tiene, se busque otro por su cuenta, y que además lo haga durante dos años. ¡Dos años! ¿Y la familia qué? Que estamos hablando de personas que tienen 30 años o más, que pueden fácilmente querer formar una familia. Con casa, niños y todos sus avíos. Deje usted su casa y váyase. O llévese usted a su familia consigo, que su pareja renuncie también a su empleo que seguro que le es muy fácil encontrar otro. Y todo eso, para cobrar aproximadamente 25000 euros, que es a lo que está el año de doctor en el mercado. ¿No se les cae la cara de vergüenza? ¿En serio no ven que los investigadores deberían tenes unos mínimos derechos laborales? Pero no, quieren empezar la casa por el tejado. Porque, ¿saben por qué hay endogamia? Porque cuando a un departamento le hace falta dar 4 créditos de clase y no tienen quien lo haga, ahí están los becarios sin derechos y los doctorandos con poquitos derechos. Porque, sí, señores… serán de esa misma universidad, pero han estado cuatro años partiéndose los cuernos con su tesis y echando una mano con las clases. Y que consigan un contrato, aunque sea por 25000 euros al año, es lo menos que se despacha en justicia. Si me dicen ustedes que los doctorandos solo se van a dedicar a su tesis, que no van a dar clase, que los contratos van a estar pagados para que una familia pueda vivir de un solo sueldo durante esos dos o tres años, les acepto la idea. Pero si no, NO. Porque quieren convertir a las víctimas de la precariedad y los salarios bajos en los culpables de que el sistema no funcione como a ustedes les gustaría. Váyanse ustedes una mijita a tomar viento fresco. Ya saben, por evitar la endogamia también en la política.

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Ciencinazi my ass

El que fuera candidato a la secretaría general del PSOE y decano de facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, José Antonio Perez Tapias, la está montando gorda en las redes sociales a cuenta de sus sorprendentes (por lo que se le supone de conocedor del método científico) declaraciones sobre transgénicos, agrotóxicos y ciencia en general. Un espectáculo nada enriquecedor, viniendo de alguien como él.

Hoy ha tenido a bien compartir en twitter un artículo de El Confidencial titulado “Los ciencinazis y los verdaderos magufos: una teoría sobre la insensatez humana“.

El artículo (de opinión) es un disparate mayúsculo por el desconocimiento que muestra sobre el trabajo de los científicos. Algunas perlas:

«Es fácil que un estudio afirme que la leche (o cualquier otra cosa) es muy mala para la salud, que tres meses después se publique otro que diga que en realidad es excelente para algo, que otro a los seis meses concluya que la leche es lo mejor del mundo y que nueve meses más tarde se nos asegure que es la causa de alguna enfermedad terrible. Esa es la ciencia hoy, tejida por un conjunto de intereses, perspectivas teóricas, posiciones académicas y necesidades de financiación que hacen difícil orientarse entre sus avances.»

Me parece altamente improbable que en ningún estudio científico publicado en alguna revista con revisión por pares, se haya colado la expresión «es muy malo para la salud», precisamente porque es una expresión vaga que no permite saber exactamente para qué es malo. Los buenos científicos, y los buenos revisores, y las buenas revistas se encargan de que esas afirmaciones no se publiquen. Es posible encontrar un artículo que diga que la leche (o cualquier otra cosa) es mala para tal o cual dolencia, en tales o cuales circunstancias. Y efectivamente seis meses más tarde, otro artículo concluya que la leche (o cualquier otra cosa) es buenísima para otra dolencia, o incluso para la misma anteriormente descrita, en otras circunstancias. Y eso es buena ciencia, porque todos aprenderíamos que la leche no es buena o mala en sí misma, pero conoceríamos cuál es la mejor forma de usarla. El problema suele venir de la interpretación que no científicos hacen de las conclusiones de un artículo. Y esa interpretación, normalmente, huye de todos los apellidos y se resume en «la leche es buena» o «la leche es mala». Y de ahí las confusiones.

«La tecnología no está mejor. Las noticias que surgen de Silicon Valley son un cúmulo de expectativas superlativas dirigidas a hacernos creer que están encontrando soluciones para todo y que en pocos años habrán remediado por completo los grandes problemas de la humanidad»

Precisamente, el periodista ha dado en la clave. Los científicos no damos noticias, los periodistas sí lo hacen, conque aplíquese el cuento. Los científicos estudiamos, aprendemos, sacamos conclusiones y las compartimos; pero no creamos expectativas superlativas dirigidas a hacerle creer nada a nadie, porque lo de hacer creer a la gente no va con nosotros. Damos los datos, y extraemos conclusiones basándonos en los datos. Y esas conclusiones incluyen, a veces, posibles aplicaciones de lo que hemos encontrado o en qué podría tener impacto nuestra investigación. Y también incluyen las limitaciones de lo que hacemos, precisamente por eso explicamos bajo qué condiciones hemos hecho nuestros experimentos, y cuál es la variabilidad que cabe esperar en los resultados.

«Si alguien cuestiona la validez de los estudios que defienden, bien porque sean poco rigurosos conforme a los parámetros que deberían medirlos, bien porque sus conclusiones son demasiado endebles, bien porque quienes los han sufragado son gente interesada en obtener resultados determinados o bien porque sus investigadores saben que van a obtener muchos más fondos si fuerzan los resultados, se convierte inmediatamente en alguien perverso que ataca a los fundamentos mismos de la ciencia. […] No aceptan críticas, no aceptan refutaciones intelectuales, no aceptan que se difundan otras posturas, porque ellos poseen la verdad. »

Se ve que este periodista no sabe en lo que consiste la revisión por pares. Yo critico los trabajos de otros, y a mí me han puesto a parir mi propio trabajo. Si hago un experimento que no es riguroso no me lo publican, porque mis compañeros de profesión son los que juzgan si tengo o no conflicto de intereses, si el número de muestras es suficiente, si hay algún error metodológico. Se podrá discutir si esta revisión es suficiente o habría que revisar más, pero lo que no se puede discutir es que estamos acostumbrados a recibir críticas, las recogemos y las aceptamos o las refutamos con nuevos datos. El proceso de publicar un artículo científico empieza con una hipótesis, una serie de experimentos que la verifican o no, una explicación de todo lo anterior en el artículo y una revisión por pares expertos en el tema que te pueden rechazar el artículo sin misericordia, proponerte cambios en profundidad o cambios de menos envergadura. Pasan meses o años desde que surge la idea hasta que el resultado aparece disponible para el resto de la sociedad. Y en todo este proceso hay críticas constantes externas pero también internas: son muy poco frecuentes los artículos individuales, así que como mínimo lo que se escribe es el consenso de dos, tres, cuatro o más personas que firman con su nombre y apellidos, poniendo en riesgo su reputación que es, en definitiva, el mérito principal para conseguir un trabajo o ascender. Si hay algo que no tenemos, es precisamente, la sensación de poseer la verdad sino de haber llegado a conclusiones razonables sobre una hipótesis después de un larguísimo proceso de reflexión, experimentación y crítica.

Comprenderán los señores periodistas que, cuando uno es consciente de todos los obstáculos que su hipótesis ha conseguido superar, no nos bajemos del burro si no es con un buen argumento.

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Prejuicios hoteleros

Hoteles

Esta es la ocupación hotelera (media mensual de habitaciones ocupadas) de Barcelona (y Sevilla, por comparar) de los últimos diez años.

Barcelona últimamente tiene 6 meses al año con una ocupación media superior al 80%. Con puntas (medias mensuales) cercanas al 90%. No es difícil imaginar que habrá fines de semana en los que la ocupación sea prácticamente total.

Tengo dudas sobre la conveniencia de paralizar durante un número indeterminado meses la concesión de licencias hoteleras a priori. Porque es mentira que no se pueda hacer una radiografía fija, la recolección de datos se puede hacer con una marca de tiempo. Y tener en cuenta sólo los de un período concreto. Si yo he podido encontrar estos datos (y los de personal empleado, número de establecimientos, etc.) estoy seguro de que la alcaldesa ya dispone de medios para obtener datos mejores y más completos. Y si no los tiene, quizá convenga que establezca las medidas oportunas para poder disponer de ellos (y de otros datos sobre su ciudad) en todo momento. Sería útil y no supondría ralentizar un sector clave.

Lamentablemente, me inclino por pensar que la alcaldesa de Barcelona tiene algún tipo de prejuicio sobre los hoteles y el turismo. Si no, no me explico el apriorismo de parar primero y estudiar después. ¡Es la definición misma de prejuicio!

Entiendo que el sector turístico no es robusto frente a crisis, entiendo que incide en la temporalidad del mercado de trabajo. Todo eso lo entiendo y soy un ferviente defensor de actuar para remediar lo malo que hay al respecto sin estropear lo bueno. Por eso, la medida me parece que es básicamente un disparo al pie en un momento muy poco adecuado. Ah, y la temporalidad del empleo no es tal si nos atenemos al número de empleados en estos establecimientos y comparamos la magnitud de las fluctuaciones respecto a la magnitud de las fluctuaciones en la ocupación.

PersonalEmpleado

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Campofrío

Campofrío quiere vender chopped, mortadela y chorizo. Y hace un anuncio en España, dirigido principalmente a españoles que residen en España. Intenta apelar a los sentimientos patriótico-identitarios para vender chopped, o para fabricarse una imagen que en definitiva redunde en la venta de chopped. ¿Es un intento burdo? ¿Son reales esos sentimientos? ¿Extiende topicazos? ¿Alienta el conformismo? Leer más

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