A favor de los salarios vitalicios

El título de esta entrada seguramente atraerá muchas críticas. Sin embargo, me dispongo a intentar explicar de una forma razonada por qué creo que los salarios vitalicios  a expresidentes del gobierno son necesarios y positivos para el resto de la sociedad. No es un problema de que el salario sea vitalicio, esto es algo bueno si se acompaña de otros dos adjetivos: los salarios deberán ser vitalicios, irrenunciables e incompatibles con cualquier otra renta.

Comencemos con el sueldo de los políticos en general, el sueldo de aquellos que asumen la responsabilidad de ejercer la representación de los ciudadanos ante el resto de la sociedad española, europea o mundial. Basta echar un vistazo a las opiniones sobre los políticos para comprobar que están muy lejos de ser respetados por los ciudadanos. El día que un diputado recoge por primera vez su acta de diputado, ya tiene a mucha gente en contra. No por la labor que aún no ha hecho, sino por pertenecer a un partido político. Caray, hasta por ejercer como diputado independiente, ser diputado y especialmente ser diputado adscrito al grupo parlamentario “de los otros” le merece ya la crítica directa por parte de todos los votantes “de los nuestros”. Se podrá argumentar que la gente está descontenta con sus representantes anteriores, y que pagan los nuevos con la mala fama de sus predecesores. Una persona que debe ejercer su trabajo, con mayor o menor acierto, en semejantes condiciones merece estar bien pagado. También porque, ¿quiénes se dedicarían a la política si el sueldo de los diputados fuese realmente bajo? O bien quienes ya cuentan con una fortuna personal o quienes utilizando su influencia puedan aumentar la fortuna anterior. Si queremos que representantes de todas las clases sociales representen a los ciudadanos, necesitamos pagar a los políticos y hacerlo bien. Si además queremos que los diputados no puedan ser sobornados para tomar decisiones en contra de la sociedad deberemos colocarlos entre todos en una situación económica que haga que las ofertas externas sean poco tentadoras: debemos pagarles bien. Y elegir a personas honestas, claro. Y luchar activamente contra las que no lo sean.

Con estos argumentos espero haberos convencido de que los diputados y senadores merecen cobrar un salario suficientemente alto durante el ejercicio de sus funciones. ¿Pero qué hay de los salarios vitalicios? Pensemos en qué supone ser Presidente del Gobierno: ganarse enemistad con amplios sectores de la sociedad, porque gobernar implica tomar decisiones que no gustan a todos. En esta situación, ¿tienen los expresidentes una buena empleabilidad? ¿sería posible que un presidente saliente fuera a buscar empleo tranquilamente? Y si lo encontrara, ¿sería por su valía profesional o por la intención de su empleador de hacer uso de sus contactos e influencias? ¿Podemos creer realmente que Aznar y González están en los consejos asesores de compañías eléctricas por sus conocimientos sobre eficiencia energética? No, están ahí porque han sido presidentes del gobierno. Usar los conocimientos del funcionamiento del estado de un presidente en beneficio de una empresa privada es algo que deberíamos evitar, pero es que incluso si los expresidentes trabajaran por cuenta propia, sería igualmente deleznable que se aprovechen de su estancia en la Moncloa para hacer negocios. Desde luego, tener expresidentes trabajando por cuenta propia o ajena supone una injusticia para la sociedad, y también un agravio comparativo para los que teniendo mejor formación y experiencia que ellos no acceden a cargos de responsabilidad en empresas privadas. No puedo más que pensar que los expresidentes del gobierno necesitan ser separados de toda actividad profesional privada, de cualquier sociedad patrimonial o de inversión. No podemos correr el riesgo de que haya empresas haciendo negocio en base a información privilegiada. Y por esa renuncia a volver a trabajar de forma privada, por esa prohibición expresa que deberíamos hacerles a todos los expresidentes, necesitan ser compensados, con un salario comparable aunque menor al de un presidente en activo. Por otra parte, ¿es realmente un problema que nos deba preocupar desde el punto de vista del gasto? Si los presidentes acceden al cargo con alrededor de 50 años y se mantienen una media de 8 años, estaríamos, grosso modo, pagándoles un salario vitalicio unos 20 o 30 años hasta su muerte. Si la duración media de una presidencia es de unos 8 años, podríamos pensar que no va a haber más de cinco o seis personas cobrando ese salario. Diez a lo sumo. Diez salarios por la tranquilidad de que nuestros presidentes se van a dedicar únicamente a labores públicas: de nuevo como diputados, como asesores de la administración pública, etc. Diez salarios por la seguridad de que nuestros presidentes no pueden ser comprados por otros que por sus ciudadanos.

¿Y qué hay de las cesantías, esas que se eliminaron en el consejo de ministros del 13 de Julio? Es la misma idea: si durante 2 años pagamos a los exministros un salario, evitaremos que la última decisión que tomen como ministros esté relacionada con su próxima ocupación a título privado. Forzando dos años de incompatibilidad, conseguimos que sus decisiones sean honestas con nosotros. Si eliminamos las cesantías, estaremos haciendo un bonito ejercicio de populismo, pero los sueldos que nos ahorramos los pagaremos probablemente en la forma de malas decisiones.

Resumiendo, la sociedad tiene mucho que ganar si paga bien a sus políticos, si fuerza a los exministros a tomarse dos años de vacaciones pagadas por los presupuestos generales del estado, y si elimina la posibilidad de ocupación privada de los expresidentes a cambio de un salario vitalicio. Lamentablemente esto no ocurre ahora, y tenemos casos vergonzosos como los de Aznar y González en empresas energéticas.

Y un par de apuntes finales, si usamos la lógica económica imperante, si queremos atraer a los mejores para realizar las tareas de dirección de nuestro país, un gran salario debería ser un gran reclamo. Lo que no quita para que a la hora de recortar, estos salarios se vean recortados no en la misma medida, sino en la medida correspondiente en una escala progresiva.

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