La conciliación no es cosa de madres

La conciliación no es cosa de madres, ni de padres. La conciliación no consiste en llevarnos los niños al trabajo.

La conciliación es que dejemos de estar obsesionados con el trabajo presencial. ¿Qué sentido tiene que podamos enviar fotos de Plutón a la Tierra pero para elegir presidente del Congreso haya que ir a meter un papelito en una cajita?

La conciliación es que los horarios en el trabajo sean más razonables. ¿Qué sentido tiene inventar máquinas que hacen nuestro trabajo mejor y más rápido que nosotros si al final trabajamos la misma cantidad de horas?

La conciliación es que los hijos de todos puedan estar bien cuidados y atendidos mientras trabajamos, pero también que nuestro trabajo no nos obligue a separarnos de nuestra familia si no es estrictamente necesario.

La conciliación es que todos tengamos derecho a tener una vida plena y lo más feliz posible sin que el trabajo nos robe invariablemente un tercio del día.

Una madre que está amamantando a su hijo,  debe poder estar con su hijo y no forzosamente en el lugar de trabajo. Un padre que cuida de su bebé, debe poder estar con su bebé y no forzosamente en el lugar de trabajo. Alguien que tiene a un familiar dependiente, debe poder estar junto a su familiar y no forzosamente en el lugar de trabajo. Tenemos tecnología suficiente. Hay mucho trabajo para que se reparta entre todos. Cada uno de nosotros sólo tiene una vida, y tenemos que vivirla más y mejor… no forzosamente en el lugar de trabajo.

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¿Es el voto rogado el problema o…?

Curiosidades del voto rogado, aprendidas después de las vacaciones.

No tuve problemas para ejercer mi derecho a voto, porque ya estaba registrado en el consulado de España en Zúrich. El primer día que fue posible solicitarlo (finales de octubre, creo recordar) , lo hice de forma telemática usando el certificado digital del DNI electrónico. No esperé a que salieran las listas del censo ni nada, porque ya había votado en las elecciones andaluzas.

Un mes después, me llegaron mis papeletas, meti los votos en los sobres, los sobres en otros sobres y así hasta que terminé enviando la carta por correo certificado en Zúrich. Todo bien, todo a tiempo.

¿Problema? Que la mayoría ni es tan rápida como yo, ni tiene por qué hacerlo de forma telemática, ni tiene un consulado a unas cuantas paradas de tranvía. Y si pasa eso, y esperas, por ejemplo que te envíen la confirmación del censo electoral, vas mal. Después de las vacaciones he descubierto en mi buzón la tarjeta del censo, que te informa de cuál es tu circunscripción y tal. Fechada fuera de plazo para solicitar el voto. Pero a casa no llegó hasta, después de las elecciones, después del 30 de diciembre.

El problema no es el voto rogado, el problema es que la administración en España es MUY POCO DILIGENTE. Por no ponerse en algo peor.

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