Aramís

Ay Aramís! Me pone en el siete. Está absolutamente loca perdida. Hay días que estoy deseando volver a casa para perderla de vista y de oído. Aquí, algunas de sus características.

¿Por qué la llamo Aramís? Pues porque a los dos días de conocerme, me quiso hacer una carta astral. Da igual que yo le dijera, con mis buenas maneras, que no me interesaba mucho, que no creía en eso. Ella cogió su ordenador y se puso a ver qué decían los astros sobre mí.

Ella está siempre dispuesta a creer lo increíble, y a descreer lo que todo el mundo cree. Ella es así. Y tiene pasión por la pseudociencia, el oscurantismo, las teorías conspiranoicas y cosas del estilo. Una joyita para dedicarse a la investicación científica.

Las pseudociencias y el oscurantismo
Un día me estuvo dando la comida sobre las bondades de la acupuntura, la quiropraxia y lo mal que nos iba en occidente por no tener los chakras limpios.  Como era de las primeras comidas que hacíamos juntos, por prudencia opté por no contestar frontalmente a sus afirmaciones… pero vamos ya paso. Cuando aquél día me dijo que los que decían que la acupuntura tiene un importante efecto placebo no lo pueden demostrar, opté por decirle que hombre, que si se hacen un conjunto amplio de experimentos de forma rigurosa, se puede inferir si una cierta técnica funciona o simplemente es un efecto placebo. Hoy optaría por decirle que yo creo que sí se puede demostrar y punto. Total, si ella lo va a llevar a extremos cercanos a la fe, es la mejor forma de que se calle y me deje seguir trabajando o comiendo.

Las Comidas
Aramís, que es muy peculiar, lo mismo te dice que la comida Biológica es lo mejor, lo más sano y natural, que te pregunta donde puede comprar el paté de foie gras y bacon que tanto le gustaba en el Reino Unido. O que sólo come cerdo y pollo, porque el pavo es algo radicalmente distinto al pollo. Ah, y sopas, muchas sopas… de repollo sobre todo.

Por otra parte están sus problemas con los horarios: se opone a adaptarse al horario de aquí, que yo entiendo que es difícil, pero en unas semanas puedes lograrlo. Ella pasa, y decide almorzar sola a las 10 de la mañana un sandwich de pimiento verde crudo, carne frita y untada de mantequilla, y quedarse trabajando cuando los demás vamos a comer a la hora normal (alrededor de las 12 aquí).

Eso sí, los cafés no se salta ni uno. Un café (o dos) a las 10, antes de almorzar… porque es la hora a la que los demás tomamos café (aunque si no, ella se lo inventa y lo toma igualmente). Otro café (o dos) después de que los demás comamos, en torno a las 12.30 o 13. Y por la tarde, a las 16 o así, otro cafelito. Y luego se queja de que el corazón le late demasiado deprisa, y te entran ganas de decirle: “chiquilla, con 5 cafés al día es normal; pero es que además te mueves muy poco, que te coges el ascensor para subir a la primera planta”

Las teorías
Iba a llamar a este punto teorías conspiranoicas, pero hoy he descubierto que ella tiene teorías de todo tipo. Es una perfecta inventora de falacias, del tipo: “el 11-S fue un trabajo interno, porque las torres se cayeron de una forma demasiado perfecta como para que no fuera una demolición. Si sabes algo de física, sabrás que es verdad lo que digo”. Y se queda tan ancha, y da igual que le hables de la concreta estructura de las torres gemelas y no podría demolerse como un edificio corriente de estructura de hormigón. Le da igual que le expliques lo que sea, ella ha visto un video en YouTube y sabe la verdad. Pero es que hoy me ha contado algo que me ha dejado perplejo. Primero aporta un dato que seguramente ni será verdad ni nada: “¿sabes que el ojo humano es 50 veces más evolucionado que el de cualquier otro ser vivo?”. Por terminar pronto, le digo “creo que ya me dijiste eso”. Ella, que no deja un tema una vez que lo coge, me dice: “seguro que no he sido yo, porque me acabo de acordar” (como si no se hubiese podido acordar antes, por ejemplo, el día aquel de la acupuntura). Y sigue: “el caso es que esto demuestra probabilísticamente que la teoría de la evolución no es correcta, porque claro no es lógico que una especie evolucione 50 veces más que otra”. Y ya te entran ganas de montar en cólera, de chillarle: “¿y qué es lógico?, ¿que la posición de un conjunto de estrellas que a unos tíos le pareció que tenían una disposición espacial vista desde la tierra parecida a un cangrejo determine mi carácter para toda la vida? ¿o que si me pinchan con una aguja en el glúteo izquierdo me curo del resfriado? ¡Anda y vete a cagar!”. En serio, me entran ganas de chillarle todo eso, en español, y ver cómo se queda con la cara de otra.

Pero no os confundáis, a pesar de todo esto, es muy divertido tenerla al lado. Me da material para escribir.

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El equipo

Bueno, ya estamos todos los que somos y somos todos los que estamos. Os voy a hablar del equipo de personas con quien trabajo, la verdad es que hay de todo… ya veréis:

  • El Alemán. Mi jefe es un tío joven y dinámico. Más bien nervioso. No para quieto y rara es la semana que no se pilla un vuelo a algún sitio. Es muy gracioso verlo salir corriendo y saltar los escalones de 4 en 4 para coger su bici y llegar a tiempo a la estación. En el aspecto técnico/laboral, es un crack… tiene chorrocientas publicaciones y las ideas muy claras sobre cómo hacer las cosas. En su relación con nosotros, nos da bastante libertad (de horario, para leer lo que queramos) y comparte las responsabilidades con nosotros. La verdad es que en el tema de organización no tengo queja. No trabaja con nosotros, sino en un despacho aparte, para eso es el jefe.
  • El Suizo. Es el post-doc y con el que trabajo más. Tiene bastante experiencia en temas de análisis de textura de tejidos pulmonares, y de los dos proyectos en los que trabajo, él es el responsable del que paga la mayor parte de mi sueldo, así que nos reunimos con bastante frecuencia para discutir y ver por donde llevar la investigación. Es mucho más tranquilo que el Alemán, creo que va en el carácter suizo. Pero es to wena gente.
  • El Griego. Es el último en llegar, y no lo conozco mucho. No es mal chaval, pero me da a mi que es un poco liante. Más que nada por el día aquel que se puso con el BitTorrent a saco en el trabajo, y cuando llamaron los del Servicio de Informática para preguntar, tuve que hacerme cargo yo del embrollo por teléfono (Cuando no está el Suizo, yo soy el encargado de hablar francés por teléfono, o si llega alguien preguntando algo a nuestra sala).
  • La Rumana. Sin duda es la más divertida, la que me produce mayores carcajadas y mayores dolores de cabeza. Es tan peculiar tan peculiar, que tengo pendiente un artículo específico sobre ella. Además, es la única a la que le he puesto apodo, por ahora. La llamo Aramís.

El ambiente de trabajo es muy bueno, y durante los cafés hablamos un poco de todo… a veces también de trabajo.

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